"La educación adoptó muchas formas en el pasado y llegó a ser capaz de adaptarse a circunstancias cambiantes, estableciendo nuevos objetivos y diseñando nuevas estrategias. Pero, repito, el presente cambio no es como los cambios del pasado. En ningún punto de inflexión de la historia humana los educadores se han enfrentado a un desafío estrictamente comparable con el que plantea el momento actual. Sencillamente, nunca hemos estado en una situación similar. Aún no hemos aprendido el arte de vivir en un mundo sobresaturado de información. Ni tampoco el arte inconcebiblemente difícil, de preparar a los seres humanos para esa vida."

BAUMAN, Zigmunt, 44 cartas desde el mundo líquido, Ed. Paidos, México, 2011, p.
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martes, 25 de septiembre de 2012

EL RUIDO MATA. TEXTO COMENTADO


Respuesta a las tres primeras preguntas de Selectividad (texto periodístico)

El ruido mata

El ruido hace mal: provoca tensión arterial, sordera, cefaleas; impide dormir, lo que aumenta la irritabilidad y, por tanto, las úlceras de duodeno y los riesgos de accidente, entre otros. España es, tras Japón, el segundo país con  mayores índices de contaminación acústica. Según los cálculos de la OCDE, nueve millones de españoles están sometidos al suplicio. Se comprende, por todo ello, la atención que ha suscitado una sentencia del Tribunal Constitucional desestimando el amparo solicitado por el propietario de un pub de Gijón condenado en 1998 por las molestias causadas por su música a altas horas de la madrugada. El fallo sostiene que esa forma de contaminación puede atentar contra derechos como el de la salud o la inviolabilidad del domicilio.
La división producida en el Tribunal –hubo tres votos discrepantes- pone de manifiesto el retraso legislativo sobre la materia. La ley del Ruido, aprobada hace un año en aplicación de una directiva de la UE de 2002, y pendiente de desarrollo reglamentario, debería colmar ese vacío. La normativa anterior estaba diseminada en multitud de normas, casi siempre de rango municipal, que se aplicaban con indolencia y supuesto respeto a la tradición, aunque ésta tuviera una antigüedad no mayor de 15 años. La nueva ley establece la obligación de elaborar antes de 2007 mapas acústicos de las ciudades, con niveles de exigencia de silencio en función del uso predominante del suelo: industrial, residencial, de ocio, etc. De la combinación entre ese mapa y el de horarios para actividades potencialmente ruidosas debería salir la reducción del ruido y la posibilidad de aplicar medidas correctoras adaptadas a cada situación.
Ya hay ley, sólo  hace falta aplicarla; es decir, lo más importante. Se ignora si los mapas acústicos ya están en marcha, pero consta que las obras, públicas o de particulares, siguen amargando la vida de los vecinos sin aparente control, las motos sin silenciador atronando las noches especialmente en verano, los camiones de la basura sobresaltando a los que quisieran dormir, las vías de comunicación contaminando su entorno urbano, y celebrándose festejos, municipales o privados, al son de una pirotecnia que identifica lo alegre con lo estruendoso. “La inteligencia”, escribió Schpenhauer, “es una facultad humana inversamente proporcional a la capacidad para soportar el ruido”.

El País

1ª pregunta: Organización de las ideas del texto

Estamos ante un texto periodístico de opinión, concretamente en editorial del diario El País, cuya estructura pasamos a exponer:

  1. Presentación del problema (párrafo 1º)

  • Efectos negativos del ruido para la salud (sordera, cefalea, irritabilidad…)
  • Grado de contaminación acústica en España
  • Noticia que origina el comentario sobre el ruido: sentencia del Tribunal constitucional que desestima el amparo solicitado por el propietario de un pub de Gijón condenado por molestar a sus vecinos con el ruido a altas horas.

  1. Solución: nacimiento de la Ley del Ruido  (párrafo 2º)

  • Causa: retraso legislativo sobre la materia.
  • Características de la Ley:

a)    Nace en 2004
b)   Obliga a elaborar mapas acústicos

  1. Necesidad de aplicar la ley (tesis): (párrafo 3º)

  • No se está aplicando en la actualidad: obras ruidosas, camiones, pirotecnia… (argumento de hecho).

  • Efectos positivos de su aplicación: la inteligencia humana es inversamente proporcional a la capacidad para soportar el ruido (Shopenhauer,  argumento de autoridad).



2º pregunta: Mención del tema y resumen

Tema:
Problema de la contaminación acústica y necesidad de aplicar la ley.

Resumen: 
La contaminación acústica puede resultar muy negativa para la salud (sordera, cefalea, irritabilidad…). España es el segundo país con mayor contaminación  acústica. Por eso, no extraña la sentencia del Tribunal Constitucional contra el propietario de un pub de Gijón condenado por molestar a los vecinos. Aunque hay un retraso legislativo sobre el tema, la Ley del Ruido existe desde 2004 y obliga a la realización de mapas acústicos, que combinados con los horarios de las actividades ruidosas podrán reducir y sancionar el exceso de ruido. Hace falta aplicar esta ley para evitar los distintos focos de contaminación acústica que siguen existiendo. Según Schopenhauer, además, es más inteligente quien menos soporta el ruido.


3ª pregunta: Comentario crítico del contenido del texto

En cuanto al género, se trata de  un editorial ( un artículo de opinión sin firma) de un prestigioso diario nacional, el País (fundado en 1976, poco después de la muerte de Franco). En él, se vierte la opinión del periódico sobre un asunto de interés general (de actualidad cuando fue publicado) y sirve a los lectores de orientación para entender la realidad, dentro de una línea ideológica compartida. Aunque la temática de los editoriales resulta variada, se advierte una preferencia por temas sociales, políticos o económicos. En concreto, este artículo explica, valora y razona un tema de interés, el exceso de ruido, para influir de forma directa y anónima en la opinión de los lectores.

El exceso de ruido provoca enfermedades: es nocivo para la salud. Este es el mensaje principal que nos reporta el texto. Desde mi punto de vista,  es cierto que el exceso de  ruido constituye en la actualidad un problema que afecta, cuando menos, al sueño y consecuentemente a la irritabilidad. El impacto del ruido en la salud y la calidad de vida está demostrado científicamente en numerosos estudios médicos. Según la OCDE, 130 millones de personas se encuentran en un nivel sonoro superior a los 65 decibelios, el límite aceptado por la Organización Mundial de la Salud.

Es un hecho que todos padecemos: a  casi todos no despiertan cada día los camiones madrugadores, las motocicletas, los aviones, etc. Y los que tenemos relación con el mundo de la enseñanza sufrimos especialmente la contaminación acústica en las aulas, en los pasillos y en el patio del instituto donde hay jóvenes que gritan sin ningún tipo de escrúpulos. 


Es cierto que los niños y los jóvenes  son más inmunes al ruido que las personas de una edad más avanzada. Acabamos de recordar los decibelios de los colegios. Y  no es menos llamativo el nivel de volumen que alcanza la música en los bares o en las discotecas, donde evidentemente la comunicación entre los jóvenes debe orientarse hacia modalidades no verbales si no quieren dañar sus cuerdas vocales. Eso sin olvidar la agresión acústica que soportamos cuando pasa  a la velocidad de un rayo de llamativos colores, un coche conducido por un joven. Debemos educar a niños y jóvenes en el respeto por los demás y ello incluye la moderación acústica. Y educarlos también en el valor significativo del silencio.

El exceso de ruido es una consecuencia de la civilización y de la ciudad. El principal causante de la contaminación acústica es la actividad humana, de ahí que se haya multiplicado en los últimos tiempos, con el desarrollo de nuevos medios de transporte y el crecimiento de las ciudades y su vertiginoso ritmo de vida. El tráfico se ha convertido hoy en uno de los principales focos de ruido: el gran aumento del parque automovilístico español ha convertido al coche en el factor de degradación acústica más importante en nuestras ciudades, con el consiguiente deterioro de la calidad de vida urbana. Un motivo más a favor de esa alabanza de aldea que tantos literatos ensalzaron desde la antigüedad, o del tópico del “beatus ille…” y su incitación al disfrute del silencio del campo, de la placidez del paisaje bucólico.  Quizá por eso cada vez está más de moda el “turismo rural”, tan distinto del bullicioso y decibélico turismo playero.


Pero entre un extremo y otro (entre la contaminación acústica de la ciudad y el quimérico silencio del campo)  es posible un término medio cuando aplicamos las leyes, seguimos las recomendaciones de la OMS, adoptamos medidas preventivas y potenciamos campañas de protección medioambiental que contribuyan a mejorar los niveles de ruido. Por el bien de todos debemos esforzarnos en denunciar cuando sea necesario para provocar que los medios legales existentes sigan su cauce y que nos acostumbremos cada vez más a no agredir con el ruido a los demás. A pensar que este tipo de contaminación va contra los derechos humanos. Y que nuestra libertad termina, también en este aspecto, donde empieza la libertad de los demás. 

La contaminación acústica es una manifestación más de una sociedad acelerada y estresante, excesiva: excesiva en  información, excesiva en adquisición de bienes materiales, excesiva en permisividad, excesiva en ruido… El respeto por el silencio es un signo de civilización y de inteligencia al  que todos debemos aspirar.

jueves, 20 de septiembre de 2012

COMUNICACIÓN E INTERNET : MUNDO LÍQUIDO. Zygmunt Bauman



SOLEDAD MASIFICADA


En la página web de la revista Chronicle of Higher Education (http://chronicle.com) se publicó recientemente el caso de una adolescente que enviaba 3.000 mensajes de texto al mes. Esto significa que enviaba una media de cien mensajes diarios, es decir, uno cada diez minutos de vigilia, «por la mañana, a mediodía y por la noche, en días laborables y fines de semana, en las horas de clase, a la hora de comer, a la hora de hacer los deberes y a la hora de lavarse los dientes». Lo que se desprende es que no estaba sola más de diez minutos; es decir, nunca estaba a solas «consigo misma», con sus pensamientos, sueños, preocupaciones y esperanzas. A estas alturas habrá olvidado, probablemente, cómo se vive -se piensa, se hacen cosas, se ríe o se llora-en compañía de uno mismo, sin la compañía de los demás. Es más, nunca ha tenido la oportunidad de aprender ese arte. Si en algo no es la única es en su incapacidad de practicarlo…

Los dispositivos de bolsillo para enviar y recibir mensajes no son las únicas herramientas que necesitan esa chica y las demás personas que, como ella, sobreviven sin ese arte. El profesor Jonathan Zimmerman, de la Universidad de Nueva York, observa que hasta tres de cada cuatro adolescentes estadounidenses se pasan todos los minutos de su tiempo disponible pegados a los sitios web de Facebook o MySpace: chateando. Sugiere Zimmerman que están enganchados a provocar y recibir ruidos electrónicos o destellos en la pantalla. Los sitios web de chat son, según este autor, nuevas drogas muy potentes a las que son adictos los adolescentes. Son bien conocidos los síndromes de abstinencia que sufre la gente, joven o no tan joven, adicta a otro tipo de drogas; cabe imaginar, por tanto, la agonía por la que pasarán esos adolescentes si algún virus (o sus padres, o sus profesores) les bloquea las conexiones a Internet o les deja los móviles inoperativos.

En este mundo impredecible, siempre sorprendente y obstinadamente desconocido, la posibilidad de quedarse solo puede resultar espantosa; podríamos citar numerosas razones para concebir la soledad como un estado sumamente desagradable, amenazador y terrorífico. Sería tan injusto como estúpido culpar sólo a la electrónica de lo que le sucede a la gente nacida en un mundo entretejido de conectividad por cable o inalámbrica. Los artilugios electrónicos responden a una necesidad que no han creado; lo máximo que pueden haber hecho es agudizar y acentuar una necesidad ya creada previamente, a medida que los medios que inciden sobre ella han pasado a estar tentadoramente al alcance de todos, sin que requieran mayor esfuerzo que pulsar unas teclas. Los inventores y vendedores de los «Walkman», los primeros dispositivos móviles que permitían «oír el mundo» cuando y donde quisiera el usuario, prometían a sus clientes: «¡Nunca más (volverá a estar) solo!».

Evidentemente, eran conscientes de lo que decían, y sabían por qué este eslogan publicitario probablemente iba a aumentar las ventas de los dispositivos, como de hecho ocurrió en incontables millones de casos. Sabían que en las calles había millones de personas que se sentían solas y detestaban la soledad como algo doloroso y aborrecible; personas no sólo privadas de compañía, sino que sufrían a causa de dicha ausencia. A medida que aumentaban los hogares familiares vacíos durante el día, y las chimeneas y los comedores eran sustituidos por los televisores en todas las habitaciones -a medida que el individuo, podríamos decir, «quedaba atrapado en su propio capullo»-, cada vez menos gente podía contar con el animoso y vigorizante calor de la compañía humana; sin ella no sabían cómo llenar sus horas y sus días.

La dependencia del ruido ininterrumpido que emitía el Walkman ahondó el vacío que dejaba la falta de compañía. Y cuanto más se hundían los usuarios en ese vacío, menos capaces eran de utilizar los medios anteriores a la alta tecnología, como los músculos y la imaginación, para escapar de él. Con la llegada de Internet, fue posible olvidar u ocultar ese vacío y, por lo tanto, eliminar su toxicidad; al menos se pudo aliviar el dolor que causaba. Esa anhelada compañía, cada vez más ausente, parecía haber vuelto a través de las pantallas electrónicas más que por las puertas de madera, y en una nueva encarnación analógica o digital, pero virtual en ambos casos: la gente que luchaba por evitar la tortura de la soledad descubrió que esta nueva forma suponía una notable mejora con respecto a la modalidad cara a cara y mano a mano. Con el olvido o la falta de aprendizaje de las habilidades interactivas presenciales, todos los aspectos que podían entenderse como carencias de la «conexión» virtual online fueron acogidos como una ventaja. Lo que ofrecían Facebook, MySpace y otros sitios similares ha sido recibido como lo mejor de ambos mundos. O, al menos, eso les parecía a quienes anhelaban desesperadamente la compañía humana pero se sentían incómodos, ineptos o desafortunados en los encuentros sociales.

Para empezar, ya no es necesario estar solos. En cualquier minuto -veinticuatro horas al día, siete días a la semana-basta con pulsar un botón para que aparezca la compañía, como por arte de magia, de entre una colección de seres solitarios. En ese mundo online, nadie está lejos nunca, todos parecen estar constantemente a nuestra disposición, y aunque alguno se quede dormido en un determinado momento, siempre hay alguien dispuesto a enviar un mensaje, o a parlotear unos segundos, de forma que la ausencia temporal pase desapercibida. En segundo lugar, se puede entablar «contacto» con otras personas sin iniciar necesariamente una interacción que amenace con entregar rehenes al destino, o que siga una trayectoria poco deseable. El «contacto» puede romperse al menor indicio de que la interacción sigue un rumbo inadecuado: por lo tanto, no existe el riesgo, ni tampoco la necesidad de buscar excusas, disculparse o mentir; basta con una sutil pulsación, totalmente indolora y segura. Ya no es necesario temer la soledad, ni exponerse a las exigencias ajenas, a una exigencia de sacrificio o compromiso, de hacer algo que a uno no le apetece sólo porque otros lo desean. Esa reconfortante sensación puede disfrutarse incluso en medio de una sala abarrotada, o merodeando entre los concurridos vestíbulos de un centro comercial, o paseando por la calle entre multitud de amigos y transeúntes; siempre cabe la posibilidad de «estar espiritualmente ausentes» y «solos», así como de notificar a los demás la voluntad de no estar en contacto, aquí y ahora; es posible apartarse de la multitud tecleando un mensaje dirigido a alguien que se encuentra físicamente ausente y que, por lo tanto, momentáneamente no exige ni se compromete, un «contacto» seguro, o bien ojeando un mensaje que acaba de llegar de una persona así. Con este tipo de dispositivos en la mano, es posible, si se desea, estar solos en medio de un rebaño en estampida; y de forma instantánea, en cuanto la compañía resulta demasiado agobiante y opresiva. No juramos lealtad hasta la muerte, y cabe esperar que siempre haya alguien «disponible» cuando lo necesitemos, sin tener que soportar las desagradables consecuencias de estar constantemente disponibles para los demás…

¿Es el paraíso terrenal? ¿Se cumple, por fin, el sueño? ¿Se ha resuelto la ambivalencia supuestamente inquietante de la interacción humana, reconfortante y estimulante, pero engorrosa y llena de escollos? Las opiniones en este punto están divididas. Lo que parece incuestionable, sin embargo, es que hay que pagar un precio por todo ello, un precio que puede resultar, si se piensa bien, demasiado elevado. Porque cuando uno pasa a estar «siempre conectado», puede que nunca esté total y verdaderamente solo. Y si nunca está solo, entonces (por citar una vez más al profesor Zimmerman), «es menos probable que uno lea un libro por placer, dibuje, se asome a la ventana e imagine mundos distintos de los propios… Es menos probable que uno se comunique con la gente real del entorno inmediato. ¿Quién quiere hablar con sus familiares si tiene a los amigos a un clic de distancia?» (en una fascinante diversidad y en cantidades inagotables; hay, quisiera añadir, quinientos «amigos» o más en Facebook). Al huir de la soledad, se pierde la oportunidad de disfrutar del aislamiento, ese sublime estado en el que es posible «evocar pensamientos», sopesar, reflexionar, crear y, en definitiva, atribuir sentido y sustancia a la comunicación. Pero entonces, al no haber paladeado su sabor, uno nunca sabrá lo que se ha perdido, la ocasión que ha dejado pasar.

 BAUMAN, Zigmunt, 44 cartas desde el mundo líquido, Ed. Paidos, México, 2011, p.




Modernidad líquida :
Entrevista a Zigmunt Bauman









lunes, 17 de septiembre de 2012

ANTES DE EMPEZAR : COMENTARIO DE TEXTO

Zozobras de un padre al comienzo del curso
7 de septiembre de 2012

Isaac Rosa *




No me parece mal que los toros vuelvan a TVE en horario infantil. Es más: deberían echar las corridas directamente en Clan, entre Peppa Pig y Dora la Exploradora. Más que nada porque así más de un niño descubrirá una vocación, la de torero, que puede acabar siendo una profesión con futuro en un mercado laboral arrasado como el nuestro, y en un sector, el taurino, que recibe generosas subvenciones públicas en tiempo de recortes.
O eso, o los apuntamos a extraescolares por la tarde para que aprendan alemán, esos cursos de alemán básico que Esperanza Aguirre ofrecerá a los parados para que sepan pedir trabajo al llegar a Berlín, y que ya podía hacer extensibles a los escolares. Eso sí: alemán “básico”, lo justo para las cuatro frases que necesitarán en los empleos basura que les esperan allí.
Disculpen mi humor, pero soy padre con hijas en colegio público, y el lunes comenzamos el nuevo curso. Y por más que lo intento, no consigo quitarme de encima la sensación fúnebre de cordero camino del matadero, peor además desde el momento en que no soy yo sino mis hijas las que siguen ese camino.
Imagino que son muchos los padres que estos días comparten esa zozobra: la de pensar qué va a ser de nuestros hijos en un sistema educativo en proceso de desguace. Sólo este año, la ausencia de miles de interinos, las peores condiciones del profesorado (con más horas, menos sueldo y menos medios), la falta de los recursos más elementales, el aumento de tasas y la desaparición de becas, que se suman a los recortes que ya se hicieron el curso anterior, suponen un duro golpe a un sistema educativo que no estaba precisamente sobrado.
Sí, es cierto que a muchos nos tranquiliza conocer profesores que se dejan la piel y más, y que con su entrega compensan algunas de esas carencias. Pero yo no quiero profesores superhéroes, sino un sistema suficiente que no deje la educación de tus hijos a la suerte de encontrar un profesor heroico.
Digámoslo claro, con todas las letras: se están cargando la educación pública. Y esto no tiene que ver con la crisis, sino con un proyecto ideológico. El daño puede ser enorme, irreversible si no somos capaces de frenarlo pronto, porque aceleraría una espiral de deterioro que forma parte de sus intenciones: cuanto peor esté la educación pública, más padres huirán a una privada concertada que, aunque también afectada por la crisis, conserva sus privilegios; y cuantos más abandonen la pública, menos recursos habrá para esta.
Por eso a mí me cuesta escribir sobre los recortes en educación: porque no quiero contribuir a ese efecto huida, no quiero convertirme en propagador del mensaje que interesa a nuestros gobernantes, el mensaje que estos días recibimos todos los padres con hijos en centros públicos: “arranca el curso más conflictivo”, “la educación, herida de muerte por los recortes”, “los expertos vaticinan un aumento del fracaso escolar”, “el desmantelamiento de la enseñanza pública”, “la vuelta al cole más caliente”. Esos son los titulares que estos días leemos y escuchamos los padres pocas horas antes de dejar a nuestros queridos hijos en la puerta del colegio. Mensaje recibido.
Y es que estos días abundan los mensajes a los ciudadanos. A los jóvenes: lárgate de España, aquí no hay futuro (a lo que contribuyen los formatos televisivos Españoles en el mundo, esos compatriotas tan felices en otros países). A los pacientes: hazte un seguro médico privado, que la sanidad pública va a retroceder décadas con los recortes. A los trabajadores: no esperes encontrar una pensión cuando te jubiles, yo que tú me haría un plan privado (como si estos planes no hubiesen salido más que tocados con la crisis). Y, como decía, a los padres: llévate a tus hijos al concertado del barrio, que la pública se va a pique.
Nos enfrentamos al reto de concienciar a los ciudadanos sin espantarlos, sin contribuir a ese efecto huida. Informar del desguace del Estado de Bienestar sin llevarnos a un estado de pánico y resignación que nada ayuda a resistir. Convencernos de que es ahora el momento de apretar, de defender lo público con coherencia, porque más tarde ya será irreversible. Y porque si no asumimos nuestra responsabilidad en defender esas conquistas sociales que han costado décadas de lucha y sufrimiento, estaremos condenando a nuestros hijos a elegir entre ser toreros o irse a Alemania.
(*) Isaac Rosa es escritor y columnista.
 
LEEMOS, SUBRAYAMOS LAS IDEAS FUNDAMENTALES , RESUMIMOS Y , POR ÚLTIMO, OPINAMOS.
 Escribimos un texto argumentativo , confrontando nuestra opinión personal con la que expresa este autor.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Comunicación no verbal: Textos I



Textos. COMUNICACIÓN NO VERBAL

Diseño polémico Zara retira un bolso con esvásticas bordadas

Beatriz Pallas
21/9/2007

Una clienta británica que devolvió el bolso que acababa de comprar al descubrir que llevaba esvásticas bordadas ha hecho que la cadena Zara retirara el complemento de todas sus tiendas. Portavoces de la firma, filial de Inditex, se negaron ayer a hacer cualquier comentario sobre esta medida más allá de matizar que se trataba de «un bolso», no de toda una colección, y que ya «han sido retirados todos» del mercado.
Fuentes de la empresa rechazaron comentar a qué países, aparte del Reino Unido, habían llegado los polémicos bolsos, de los que sólo ha quedado constancia en el mercado británico por las protestas de los clientes. A la prensa inglesa sí le aclaró Inditex que los bolsos habían sido fabricados por un proveedor externo en la India y que el símbolo nazi no aparecía en el diseño original que ellos habían aprobado. También han pedido disculpas en los medios británicos a las personas que hayan podido sentirse ofendidas.
La primera clienta inglesa que devolvió el bolso, Rachael Hatton, declaró a la BBC que las dependientas de la tienda se mostraron «muy sorprendidas» cuando ella les hizo notar el símbolo que estaba bordado en hilo verde. Otra clienta, Guia Cleps, una judía de 20 años, aseguró al diario Metro que estaba «totalmente indignada».
El bolso, de gran tamaño y confeccionado en tela, lleva bordados en hilos de colores que representan flores, bicicletas, animales y una esvástica en cada esquina. Su valor en el mercado británico rondaba los 55 euros.
Además de ser el símbolo utilizado por los nazis alemanes, responsables de la muerte de millones de judíos, la esvástica no tiene ninguna connotación política en religiones como la hindú y la budista, para las cuales posee el significado de «buena suerte». La cruz gamada ha sido utilizada como símbolo desde la antigüedad, según algunos testimonios desde el siglo V antes de Cristo. Pero su adopción como emblema por parte del nazismo, a principios del siglo XX, hace que su uso en Occidente se asocie principalmente con el movimiento liderado por Adolf Hitler.
Zara retira un bolso con esvásticas bordadas 


El poder de la gestualidad

Sebastià Serrano
Catedrático de Lingüística de la Universitat de Barcelona
Cada cultura tiene su sabiduría gestual, y no verbal en general, y estos signos constituyen una parte del esqueleto que nos permite andar cómodamente por la vida social. Duermen en medio de la pareja, se sientan a la mesa de casa, en la silla del despacho o de clase o al lado de la cama del paciente; son unos muy buenos indicadores del estado de una relación, tanto para iniciarla como para mantenerla, y, con certeza, alguna cosa habrán tenido que ver con la ruptura, cuando esta se produce.

Cuando viajamos por el mundo, a menudo podemos constatar como algunos de estos gestos familiares desaparecen y otros, quizás extraños para nosotros, ocupan su lugar. Incluso es fácil cometer errores ya que lo que es políticamente correcto en una zona del mundo puede ser obsceno en otra, y lo que es un signo de amistad aquí puede ser hostil allí. Hay gestos que no sufren esta variación local, parecen universales y nos hacen sentir como en casa dondequiera que vayamos.

Una sonrisa es una sonrisa en el mundo entero, como lo es un ligero levantamiento de cejas. Con todo, también pueden variar el estilo o la intensidad de la manifestación según el contexto. Todos reímos, pero en ciertas situaciones una fuerte risa puede considerarse muy ruda. Vale la pena conocer el sistema de reglas que gobierna la producción de las expresiones gestuales y no verbales en general. Su gramática. Esa gramática silenciosa que es la base de nuestra inteligencia emocional y social.

La competencia no verbal es una herramienta estratégica de primer orden de nuestra actividad comunicativa. Nos informa sobre el estado de las emociones, el estado general del cuerpo y sobre nuestras actitudes, y hay que decir que sería muy difícil hacer llegar este tipo de información a través del lenguaje verbal. Me encanta afirmar que el gran espectáculo de las emociones tiene el cuerpo como escenario. Y no resulta muy difícil adivinar que el escenario más atractivo dentro de los distintos paisajes corporales, gestuales, dibujados por las emociones es el paisaje facial, el de las caras. Por eso sentimos esa gran fascinación por las caras.

Con los rostros, y con todo el cuerpo, también informamos de nuestras actitudes. Comunica bien aquella persona capaz de generar actitudes positivas en los demás, la persona empática. Esta empatía es un arte no verbal que nos permite movernos bien por estos maravillosos escenarios de la interacción ubicados en el umbral de la conciencia. La persona empática, por encima de todo, sabe escuchar bien, y esto significa escuchar con los oídos, con los ojos, la cara y el cuerpo entero. Por eso decimos que es un arte no verbal y una de las herramientas estratégicas de más valor que puede tener una persona para moverse bien en los delicados espacios de la interacción social.

Para presentarnos, nuestra identidad, el estado de ánimo, los deseos, las emociones, la motivación o el estado de nuestra relación mediante la actitud, usamos los signos no verbales ya que son más globales, más sutiles, más fáciles de presentar mediante un flash y también menos comprometidos que la palabra. Una buena competencia comunicativa exige la capacidad de armonizar lo verbal y lo no verbal de la comunicación.

Especialmente interesante es el caso en que el discurso verbal y el no verbal se contradicen. Es uno de los nudos estrella de la comunicación: el engaño, la mentira, el disimulo. Afecta tanto al padre como a la madre, al hijo como a la hija, a la mujer celosa como al marido lleno de interrogantes, al agente de aduanas como al detective, al espía como al policía, al médico como al paciente. Nuestra pregunta es siempre la misma, y esto desde la originaria sabana africana: ¿puedo fiarme de este?, ¿puedo confiar en ella? ¡Es tan fácil engañar con el lenguaje! A pesar de su capacidad ilimitada, nuestro programa lingüístico no dispone de un filtro de verdad,lo que hace ilimitado el poder del engaño y de la manipulación. En este sentido, y en el dominio de la interacción, el gesto y los signos no verbales son unos instrumentos eficaces para descubrir, de manera intuitiva, el grado de engaño, detectado a través de los estados emocionales correlacionados con el discurso verbal.

Leer más: http://www.lavanguardia.com/opinion/temas-de-debate/20101010/54062967757/comunicar-con-el-gesto.html?page=1#ixzz26RKeulzZ
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Su origen y su razón de ser

Mercè Puig
Seguro que muchos de nosotros usamos gestos cuya razón de ser ignoramos. Al intentar encontrar su sentido debemos remontarnos a su origen, y este, como sucede con nuestra lengua, lo encontramos, a menudo, en la antigüedad romana. Los romanos, al mismo tiempo que nos transmitían su lengua, el latín, nos traspasaban toda una serie de elementos no verbales. Ciertamente muchos de los gestos vigentes en la actualidad eran usados ya por los romanos: gestos de burla, como sacar la lengua o apoyar los pulgares en la sien y mover los dedos restantes imitando las orejas del asno; gestos de insulto, como levantar el dedo corazón manteniendo los otros dedos cerrados en un puño, o gestos para dar órdenes, como chasquear los dedos o llevar a los labios el dedo índice para pedir silencio. Evidentemente, también los gestos van modificando su forma de realización y su significado a lo largo de su historia. Así el llamado beso a distancia - juntar los dedos de la mano y llevarlos hacia los labios, apartando, a continuación, la mano de la boca y separando los dedos-era en su origen un gesto religioso asociado al ritual de la adoración a los dioses o ídolos. Este gesto ya en Roma se empezó a usar como expresión de admiración en general, y este es el significado que hoy tiene entre nosotros.

El estudio de la gestualidad en la Roma antigua puede ayudarnos a comprender formas actuales de comunicación no verbal cuya razón de ser se ha perdido en el tiempo. Un ejemplo: durante su visita a España en mayo del 2003, el Papa Juan Pablo II concedió audiencia a los reyes de España y al entonces presidente del Gobierno y su esposa. La postura que adoptaron unos y otros al sentarse difería notablemente. Mientras los reyes estaban sentados con las piernas en paralelo, José M. ª Aznar y Ana Botella se sentaron con las piernas cruzadas. Muchos periodistas criticaron la postura de estos por ser irrespetuosa e impropia aun cuando, seguramente, no sabían por qué se considera así.

La razón de esta convención la encontramos en los autores latinos. Explica Plinio el Viejo (Historia natural 28, 59) que en Roma cruzar las piernas era considerado un gesto mágico con poder maléfico y por ello se prohibió en las reuniones de generales o de magistrados porque, con esta postura, se impedía o dificultaba la toma de decisiones. Lo mismo ocurría durante los sacrificios y las plegarias públicas. En el Occidente actual, fruto de la prohibición romana, las normas de etiqueta desaconsejan esta postura, considerada muy irrespetuosa. 

Leer más: http://www.lavanguardia.com/opinion/temas-de-debate/20101010/54062967757/comunicar-con-el-gesto.html?page=2#ixzz26RLJNnXp
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¿Qué lleva Isabel II en su bolso?

Un libro desvela que lo usa para comunicarse con sus colaboradores de manera cifrada

Toda mujer guarda en su bolso un pequeño mundo. Su contenido es a menudo objeto de la curiosidad de los hombres. La cuestión se convierte casi en un secreto de alto Estado cuando su propietaria es toda una reina.
¿Qué lleva Isabel II en su bolso? La pregunta se la hacen Phil Dampier y Ashley Walton. Y la respuesta está en un libro, que saldrá a la venta el 15 de octubre y del que ya se ha adelantado parte de su contenido.
Lo primero que hay que señalar es lo que no hay nunca en los 200 bolsos fabricados por la casa londinense Laumier que desde siempre acompañan a la reina. Su majestad no necesita llevar dinero, cheques, tarjeta de crédito, llaves y tampoco pasaporte porque no tiene.
Sin embargo, no está vacío. Según revela el libro, nunca falta un gancho metálico en forma de S que ella misma ajusta a las mesas para colgarlo y no apoyarlo en el suelo. En su interior siempre hay caramelos y chocolates y los crucigramas que sus colaboradores le recortan cada día de los periódicos. No faltan tampoco fotos de familia (en particular una del príncipe Andrés de vuelta de las islas Malvinas), y un espejo que Felipe de Edimburgo le regaló con motivo de su matrimonio. A veces, lleva además una cámara ya que a Isabel II le gusta hacer fotos.
Mas allá de esta información, el libro también describe el uso que la reina da a su bolso. Al parecer, Isabel II se comunica con sus colaboradores con un lenguaje cifrado, cuyos mensajes dependen de la posición del bolso sobre una mesa. Así, por ejemplo, si el bolso aparece apoyado en la mesa, indica que la cena debe terminar dentro de pocos minutos; mientras que si está apoyado en el suelo, indica una conversación poco interesante y pide la intervención de su dama de compañía, que llegará para socorrerla en pocos segundos.

La reina Isabel y Felipe de Edimburgo. / EPA

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